Política

TRIBUNA ABIERTA

24M, o la diferencia

Grüner es sociólogo, ensayista y crítico cultural, autor de varios libros. Asegura que “El 24M mostrará que todo eso es posible. Como primer gran acto de campaña –y mucho más allá de eso, puesto que se trata del 24 de marzo- es una instancia decisiva que muestre el poder y la voluntad del bloque de izquierda en serio".

Martes 17 de marzo de 2015 | Edición del día

Ya pasaron el 18F y el 1M. En términos estrictamente cuantitativos, parece haber sido un “empate”. En términos “sociodemográficos”, presenciamos la puja por si de un lado había más clase media alta y “gente madura”, del otro más “sectores populares”, clase recontramedia de toda mediadez y más bien jóvenes (nadie midió dónde había más hombres o mujeres, me parece).

Quiénes fueron “llevados”, quiénes fueron espontáneamente. Cuáles aguantaron más la lluvia. Dónde estaban los paraguas más bonitos. Quiénes hicieron más silencio, y quiénes ejercitaron las cuerdas vocales. Todas cosas así de importantes, que autorizaron trascendentes análisis sobre la situación política nacional. Lo que por supuesto todos los medios (menos uno: adivinen cuál) omitieron prolijamente analizar, es el Gran Truco. ¿Qué es el Gran Truco? El que por un gesto de prestidigitación hace aparecer que aquella puja política es entre dos grandes contendientes: el oficialismo y la “opo” patronal.

“Centroizquierda” y “centroderecha”, se dice: ya sabemos que la “gente” es toda de centro, aunque se pueda ser de extremo centro o de moderado centro, o de indeciso centro. La cuestión, el Gran Truco, es que quede claro que fuera del centro no hay nada.

Al Gran Truco contribuye, desde ya, el “caso” Nisman: lo mataron o se suicidó, tanto da –probablemente nunca sabremos ni siquiera eso-; lo que importa es a cuál de los dos “centros” sirve mejor el cadáver. Al Gran Truco contribuye también la (supuesta y sobredimensionada) pelea con los buitres: se está a favor o en contra de Griesa, y eso es todo. Al Gran Truco contribuye el debate sobre cuáles “servicios” son mejores que otros, como antes si Chevron era mejor que Repsol.

Ni qué hablar de la gran contribución al Gran Truco de la alianza UCR /Pro: es la certificación de lo que se suele llamar la “polaridad”: concentración de la centroderecha versus el polo K, con los Massas –que no las masas- perdiendo el tren de “lo que hay”. Queda cerrado el score, y el mapa coincide con el territorio, como diría Borges. Otra –pequeña y contradictoria, lo admito- contribución: un foro político-intelectual poniéndole etiqueta izquierdista a la “batalla cultural” K + amigos internacionales (incluido el Papa Francisco, redivivo Gramsci para el siglo XXI). Y todo así.

Pero, falta un elemento. Ningún truco de prestidigitación estaría completo sin buscar hacer desaparecer de la vista precisamente el componente que podría desnudar el truco: a saber, “nosotros, la izquierda”. Ese elemento es cada vez más difícil de ocultar; al mismo tiempo, no se sabe dónde ponerlo: no entra por ninguna ventana en el Gran Truco de los dos “centros”. No es el “tercero excluido” sino otra cosa. No es –aunque el chiste sea inevitable- una “tercera posición”, sino lo que desmonta la falacia de las Dos Posiciones.

No es una tercera pata del “sistema” sino lo que desborda al sistema por todas sus patas. No es populista ni republicana, neoliberal ni neodesarrollista, mercadista ni estatalista. No discute cuál capitalismo es mejor, sino cómo salir del capitalismo. Se pone al frente contra las agresiones imperialistas a Venezuela o quien sea, pero no deja de señalar las falsedades o las debilidades de los gobiernos “progres” cuyas falsedades y / o debilidades (cuestiones “de clase”, se entiende) son las que precisamente favorecen esas agresiones. No hay nada que hacerle: no entra en el croquis del Gran Truco.

Y como no entra, sale. Sale a la calle. Con lluvia o con sol, con paraguas, con sombrilla, con gorro obrero o estudiantil, con overol o con jeans y zapatillas, no es el caso discutir eso.

Lo que importa es para qué sale. No me refiero solamente a las consignas de una marcha –la que va a ser la del 24M-, ya las conocemos y están muy bien. Pero más en general, y quizá incluso más profundamente, sale a mostrarle a la sociedad argentina que ya no basta con el Gran Truco. Que se puede, que se debe, generar la Gran Diferencia. Desde luego, eso lo viene mostrando desde hace mucho: en las fábricas, en los movimientos sociales, en los barrios, en las universidades, en las múltiples marchas, y desde hace un par de años en el mismísimo Congreso Nacional. El 24M debería ser la gigantesca condensación que hiciera de todo eso una evidencia definitivamente irrefutable. Irrefutable, gigantesca y unitaria.

Que sea gigantesca sería sumamente celebrable: pondría a la vista, irrefutablemente, que en términos cuantitativos no hay solamente dos “plazas”. Pero cualitativamente, es la unidad lo que va a hacer la Gran Diferencia. Sería la demostración de que la izquierda radical, en la Argentina, apuesta a crecer como un auténtico bloque alternativo de poder en su conjunto. Esto es fundamental no solamente para la propia izquierda –me refiero a la izquierda “consciente”, militante o simpatizante del FIT, que vería reforzado su compromiso-, sino, y sobre todo, para la sociedad argentina. Muchos sectores de esa sociedad se debaten hoy en la incertidumbre.

Por un lado, sienten confusamente, y con toda razón, que estamos ante una nueva “crisis de representación”, puesto que se está desnudando que el sistema político que estalló por los aires en diciembre 2001 nunca se recompuso realmente, más allá de la relativamente exitosa “restauración” de la era del “viento de cola”. Por el otro, todavía no ven claramente una alternativa. Sin embargo, las piezas del rompecabezas están ahí. Un poco desperdigadas, o medio escondidas, o dadas vuelta. Pero visibles. Falta juntarlas, y el 24M puede ser un próximo gran paso para que la figura se complete.

Ya sabemos: “unidad”, para la izquierda, quiere decir “en la diversidad”, pero golpeando como un solo gran ariete. A nadie se le oculta, ni hay por qué ocultar, las diferencias. Hasta ahora, no obstante, ellas no han impedido la persistencia creciente del Frente, ni la unidad de acción cuando es necesario. Ni han mermado el interés cada vez mayor por escuchar la Gran Diferencia.

Al contrario: más y más agrupamientos de izquierda “independiente” se acercan, buscan acoplarse, plantean un frente electoral, etcétera. Es decir: se incorporan nuevas diferencias. Bienvenidas sean. No todo es lo mismo, claro –por eso son diferencias-; hay núcleos duros de la Gran Diferencia que son irrenunciables: el anticapitalismo, la independencia de clase, y así. Pero también hay diferentes niveles, o registros, donde procesar los puntos en común sin que los núcleos duros tengan por qué verse afectados. Todo está en proceso de debate, y se requiere imaginación política y creatividad estratégica tanto como rigor en los principios.

El 24M mostrará que todo eso es posible. Como primer gran acto de campaña –y mucho más allá de eso, puesto que se trata del 24 de marzo- es una instancia decisiva que muestre el poder y la voluntad del bloque de izquierda en serio, y empiece a romper la trampa del Gran Truco, para que quede cada vez más claro que ninguna de las supuestas Dos Posiciones tienen ya nada que “profundizar”, tienen ya nada que proponer para “lo que falta”. Es la posibilidad de que empiece a hacerse irrefutable la Diferencia.







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