Juventud

TERCIARIOS DE ZONA SUR

Clases virtuales y formación docente: ¿una educación para pocos?

Estudiantes y docentes terciarios manifiestan dificultades para ingresar a las plataformas y los primeros días de cursada online dejan un balance negativo. ¿Qué propone la izquierda? ¿Qué rol podemos jugar como estudiantes y futuros docentes en plena pandemia?

Lucas Capuano

En Clave Roja - Consejero académico ISFD 41

Agustina Pogo

Presidenta del Centro de Estudiantes del ISFD 35 - Joven precarizada- Militante de Juventud del PTS

Lunes 27 de abril | 21:50

Foto: prawo.pl

Al igual que el resto de los niveles educativos, los institutos de formación docente recurrieron a las plataformas online para brindar clases. El primer tramo de esta experiencia deja un balance parcial que es negativo. Muchos estudiantes abandonaron los cursos de ingreso o materias de sus carreras. Hay docentes que manifiestan dificultades ya que no contaban con preparación para trabajar con plataformas virtuales. A pesar de esto, desde las direcciones de los institutos promueven las clases online sin consultar al conjunto de los docentes y estudiantes cómo llevarlas adelante en el marco excepcional de la pandemia del COVID-19. El riesgo es claro, imponer la normalidad a la fuerza dejando en el camino a cientos de estudiantes.

Juventud precarizada y COVID-19: ¿cómo cursar en estas condiciones?

En los terciarios del conurbano la mayoría de los estudiantes somos jóvenes con trabajos precarios o desocupados. Según la Organización Internacional del Trabajo, actualmente hay 64 millones de jóvenes desempleados en el mundo y otros 145 millones que, aunque trabajan, son pobres. Argentina es el país con mayor desempleo juvenil de la región. De acuerdo a los últimos números informados por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), la desocupación alcanzó en 2019 su valor más alto desde 2006. El año pasado este índice trepó al 10,1% en la tasa general, medida que se duplica entre las y los jóvenes. Estos números se reflejaban en las aulas y los pasillos de los profesorados. Vimos cómo mes a mes muchos compañeros abandonaban la cursada. La falta de laburo no permitía bancar los estudios, y era imposible cargar la SUBE y comprar apuntes. Muchos no podían acomodarse los horarios y tenían que elegir entre laburar para comer o estudiar. Las compañeras con hijos dejaban materias por no tener plata para pagar a alguien que los cuide, ya que en los terciarios a pesar de ser en su mayoría mujeres quienes estudian no hay jardines maternales. El aumento de las condiciones de precariedad que se dió en los últimos años transformó a la educación superior en un privilegio al que cada vez costaba más acceder y sostener. Esta tendencia empeorará y precisamos medidas de fondo para revertirla.
No se le puede exigir que lleve adelante la cursada normalmente a compañeros que quizás ni siquiera tengan para comer. Millones de personas se anotaron al Ingreso Familiar de Emergencia y la gran mayoría fue rechazada. Los 10 mil pesos de este subsidio solo alcanzan para vivir ocho días según el INDEC. Por eso desde la izquierda impulsamos un salario de emergencia de 30 mil pesos durante la cuarentena en base a un impuesto a las grandes fortunas. Este proyecto fue presentado por los diputados del Frente de Izquierda Unida, Nicolás del Caño y Romina Del Plá, al Congreso Nacional. Cobrándole un impuesto progresivo al 3% más rico del país se garantiza este beneficio 7.000.000 de personas.

Los institutos deben relevar la situación de sus estudiantes

Necesitamos un relevamiento sobre el conjunto del estudiantado para saber cuántos son los compañeros que tienen dificultades para acceder a las plataformas, a computadoras e internet. En qué condiciones están haciendo el aislamiento, cuántos se quedaron sin trabajo o vieron reducidos sus ingresos como denunciaron trabajadores de fast food, cuántos fueron rechazados del IFE, si tienen familiares y niños a cargo a quienes tienen que cuidar. Muchos de estos niños también tienen sus clases virtuales y como sabemos no todas las casas cuentan con más de una computadora para toda la familia.
Dicho relevamiento debe estar acompañado de una exigencia al Estado para que destine los fondos y recursos que falten. En febrero se encontraron cerca de 100 mil computadoras del Plan Conectar Igualdad que el gobierno de Macri no entregó. Los institutos tienen que consultar la disponibilidad de esos equipos para el uso en la cursada virtual. Sumado a esto hay que reparar las computadoras del Plan Conectar que ya superaron la cantidad de encendidos permitidos por su programa operativo para que vuelvan a funcionar.
La cursada online no puede ser un filtro para quienes no tengan internet. Los profesorados y los sindicatos docentes tienen que exigir que se brinde de manera excepcional servicio de internet gratuito donde haya redes de cualquiera de las empresas que brindan internet y donde no lo haya, brindar telefonía móvil. Según datos oficiales el 30% de la población no tiene acceso a internet y otro tanto tiene un acceso deficiente. El servicio del wi fi es gratuito en algunas provincias y ciudades. ¿Por qué no podrían los gigantes de las telecomunicaciones aportar su "solidaridad" en esta situación excepcional?

¿Qué rol pueden jugar los centros de estudiantes?

En los barrios del conurbano, el hambre se profundiza. Cada vez son más los niños que asisten a los comedores o las familias que van a buscar comida a las escuelas. Sostener el aislamiento con medidas de higiene mínimas es imposible para muchos barrios en los que ni siquiera hay agua potable. La respuesta del gobierno provincial y los municipios es mayor control y vigilancia a través de la policía. En Llavallol se cercó un barrio, y lo mismo hicieron en el barrio “Las Casitas” de Glew. La militarización de los barrios implica mayor represión. En Budge por ejemplo, un cana le disparó en las piernas a un pibe. O en el frigorífico Penta, los laburantes despedidos recibieron balas de goma y los palazos de la bonaerense de Berni y Kicillof como respuesta a sus reclamos. Denuncias de lo que hace la policía en los barrios y ejemplos como estos llegan por decenas a La izquierda Diario. Las fuerzas de seguridad quieren lavarse la cara repartiendo comida. Pero los milicos en la calle nunca son la solución, esa función la podemos realizar entre estudiantes, docentes y auxiliares organizando voluntarios que articulen con las escuelas para colaborar con el reparto de comida en los barrios.

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Publicada por La Marrón Docente Zona SUR en Jueves, 16 de abril de 2020

Desde la banca de la legislatura bonaerense del PTS-FITU, Claudio Dellecarbonara presentó un amparo para que el gobierno provincial garantice una dieta nutritiva para los niños en las escuelas. También lo hizo Myriam Bregman en CABA, y a pesar de que fue aprobado Larreta se niega a implementarlo.

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Siguiendo el ejemplo de Madygraf, que junto a docentes y estudiantes de la UNSAM, se pusieron a hacer sanitizante de alcohol y mascarillas sanitarias para los hospitales de zona norte, con la juventud del PTS y las agrupaciones que impulsamos propusimos iniciativas similares. En el ISFD 35, como presidencia del centro de estudiantes lanzamos una campaña para que abra el laboratorio de ese profesorado con ese fin. Pero todavía las autoridades del instituto no dieron respuestas. Esta misma idea se propuso en el ISFD 41 desde nuestra vocalía del centro de estudiantes y nuestros dos consejeros académicos, logrando difusión en medios locales y la solidaridad y el compromiso de un número importante de estudiantes y trabajadores.
En los terciarios de sur, casi todos los centros de estudiantes son dirigidos por agrupaciones del PJ y el Frente de Todos. Estas conducciones rechazaron nuestras propuestas y se limitan a gestionar alguno de los voluntarios municipales, sin intentar organizar nuestra fuerza desde las escuelas. Necesitamos organizarnos para decidir qué medidas tomar frente a esta crisis, por eso los centros tienen que plantear estos debates. Incluso podrían también impulsar un relevamiento general de la situación de los estudiantes en sus institutos. Podríamos poner en pie Comités de Emergencia Interclaustros junto a los trabajadores, docentes y auxiliares. Con quienes podríamos garantizar el reparto de alimentos exigiendo además que se cumpla una dieta nutritiva, ya que los bolsones actuales son principalmente de alimentos secos.

Un gran remedio para un gran mal

Estas son algunas medidas de emergencia que planteamos contra el COVID 19. Todavía es imposible precisar cuánto durará esta crisis sanitaria, pero sabemos que existirá una disputa donde se definirá si se imponen los trabajadores y el pueblo pobre con sus necesidades o los empresarios, los banqueros y sus ganancias.
Hace pocos días el ministro Guzmán propuso patear los pagos de la deuda externa hasta 2023, los acreedores ya dijeron que no era una propuesta viable. El gobierno busca evitar el default sin cuestionar esta deuda odiosa. En estos meses el gobierno de Fernández pagó más de U$S 5 mil millones. Un montón de guita que se podría haber usado para la salud fue para los especuladores. Continuar este curso significa más ajuste y despidos. Como ya mostraron en Penta, en los fast food,o Techint. Los empresarios con el aval del gobierno descargan la crisis sobre nosotros. Pero por ejemplo los laburantes de GPS, la tercerizada de LATAM, demostraron que no se van a quedar de brazos cruzados mientras se los despide y persigue. Luego de varios días de lucha y reclamos, recibiendo la solidaridad de varios sectores, los dos despedidos volvieron a sus puestos.
Como estudiantes y futuros docentes sabemos que la pelea por una educación de calidad, crítica y científica, va de la mano con la pelea por poner la economía y la producción al servicio de las necesidades populares. Esta crisis pone en cuestión cómo se organiza este sistema, que durante décadas desfinanció la salud, la educación y generó una mayor precarización entre los trabajadores.
Antes de la pandemia vimos un período de lucha de clases que mostraba que franjas de trabajadores y jóvenes no estaban dispuestos a seguir sufriendo los ajustes de los gobiernos y las empresas. Los estudiantes de Chile se plantaron contra Piñera y la represión de los carabineros. Los trabajadores en Francia protagonizaron jornadas históricas de huelgas y movilizaciones contra la reforma jubilatoria de Macron. Estos procesos de lucha entraron lógicamente en un impasse por la pandemia. Pero los trabajadores y jóvenes se levantan nuevamente en Estados Unidos contra las empresas que los obligan a trabajar igual, o en París contra los abusos policiales.

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El peronismo busca que nos resignemos, que bajemos la cabeza y aguantemos hasta que esto pase. Pero los que nos organizamos en la Juventud del PTS y sus agrupaciones junto a Nicolás del Caño y Myriam Bregman, sabemos que el capitalismo no va más. Queremos llegar con nuestras ideas y propuestas a miles y miles, decir lo que los grandes medios quieren callar. Por eso impulsamos la red internacional de La Izquierda Diario en 11 países, y también, la red de resistencia de la juventud trabajadora, para organizar a quienes no se resignen a que se les baje el sueldo o se los despida en plena crisis sanitaria. Queremos que estudiantes en sus escuelas, y trabajadores en sus fábricas tomen este medio como propio, lo ayuden a crecer para seguir organizándonos. Tenemos que poner en pie una alternativa a la miseria que preparan. Si dejamos de pagar la deuda y ponemos esa plata en educación y salud. Los hospitales se llenarían de insumos, y podríamos construir muchos más. Necesitamos unificar el sistema de salud y declarar de interés público los insumos sanitarios. Además de reconvertir la producción de las fábricas para construir insumos hospitalarios. En esto, los estudiantes también podemos jugar un rol importante en nuestras escuelas y terciarios, abriendo los laboratorios para producir sanitizantes y barbijos. Si ponemos la fuerza de la mayoría en beneficio de la mayoría podríamos enfrentar la pandemia, y estar en mejores condiciones para darle una salida de los trabajadores, estudiantes y pobres a esta crisis que generaron los ricos.







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