Cultura

LIBROS // PRESENTACION

Darío Canton y su llama(da) (literaria) que no se apaga

El pasado viernes 21 de noviembre se presentó La yapa. Primera parte (1990-2006), séptimo tomo de la saga “De la misma llama”, del escritor Darío Canton, en la librería Hernández

Demian Paredes

@demian_paredes

Viernes 28 de noviembre de 2014 | Edición del día

Canton, que ofició de “moderador” y presentador en el evento, comenzóhaciendo referencia a una nota (crítica) de Guillermo Piro en el diario Perfil, a propósito de la presentación de libros. Dijo que, para él, en este caso, la presentación era “una oportunidad para encontrarme con alguna gente con la que me gusta estar; muchos de ellos amigos de toda la vida”, y para que ellos opinen sobre lo que viene realizando. Luego presentó a quienes lo acompañaban en la mesa: Osvaldo Aguirre, escritor, poeta cuentista, editor y director del suplementocultural del diario La Capital de Rosario, y Damián Ríos poeta, “tallerista” y editor; luego comenzaron las intervenciones.

Damián Ríos comentó que conoció la obra de Canton a principios de la década del ‘90, que los tomos de la serie “De la misma llama” se pasaban entre amigos, y planteó que “afiliar a alguna escuela o movimiento, al objetivismo” estos trabajos no era lo importante, sino ver en la obra de Canton la “pasión por la documentación, por el contacto con el lector, y por saber cómo reaccionará ante la lectura”: una actitud, un método de trabajo en Canton que es “estructural”. Y que por ello el libro que se presentaba allí podría llamarse “la historia de ‘De la misma llama’ y sus lectores”.
También dijo: “Canton parece archivar todo; tomar nota de todo. Después selecciona, escribe y edita: así avanza su summa –como le gusta llamarla en algún pasaje–”.Ríos recordó las incesantes búsquedas de material, de editor, etcétera, para poder publicar los libros, y que ningún editor, industria editorial o mercado editorial “soporta una obra como esta”. Y que pese a ello, “Canton no claudica”.

A su turno Osvaldo Aguirre se refirió a la difundida visión de que “Canton junta todo”, señalando que, en realidad, “hay una selección”. Y que cambió su mirada respecto a anteriores lecturas tras la de este volumen, donde encontró “una nostalgia”…
También realizó una comparación –con sus diferencias y parecidos– con Ricardo Zelarrayán, pese a que éste tenga “apariencia” de ser un escritor que publica poco, que pierde los originales, etc.; lo contrario a Canton, que es alguien muy ordenado y minucioso. “Zelarrayán fue un interlocutor” de Darío Canton, sostuvo Aguirre. Y resaltó los proyectos de gestión del escritor, las lecturas que recibe, y el interés que hay en nuevos escritores y nuevas camadas de poetas; “ahí está su valor”, dijo.

Luego se abrió un momento para la intervención del público, entre quienes estaban Amanda Toubes, Tununa Mercado, Julio Schvartzman, Gonzalo León, Marcelo Abadi, Miguel Murmis y Noé Jitrik.

Jitrik –entre otras cosas– dijo: “Con cada libro de ‘De la misma llama’ siempre me pregunté por qué sigo leyendo”. “Las cosas que Darío cuenta no son necesariamente apasionantes; e igual uno las lee. Yo las sigo leyendo, con la esperanza del lector ingenuo de llegar a alguna parte”. Y agregó: “Esa parte es una continuidad, una continuidad absoluta, es el punto donde el carácter de la obra de Darío tiene un carácter poético fuerte”.
Respecto a la obra de Canton como “proyecto autobiográfico”, dijo: “No sé si ese es el proyecto”, ya que uno de este tipo se realiza para “mostrar quién es, la verdad del tipo que se está autobiografiando: ‘Yo soy esto’”. Acá, por el contrario, Jitrik asegura que él sigue, tras las lecturas de los libros, “sin saber quién es” Darío Canton, ya que “Todo lo que acumula y cuenta, lo aleja de sí mismo”; aunque por supuesto leerlo sea una empresa “fascinante”.
También planteó que encuentra “dos registros en este proyecto”: “Algo así como una teoría poética encubierta: la corrección. Un capítulo fantástico que está en cada uno de los libros de Darío (los borradores, las correcciones, la preparación de la fabricación del poema); un campo que hay que apreciar”, del que surgen “poemas bellísimos, originales”. Y, también, “El proyecto mismo: este proyecto gigantesco que no tiene fin”.

Sin dudas, asegurando que se podría hablar “horas y horas” de estos libros, planteó su alegría de que “las jóvenes generaciones le den atención y lo lean”, aclarando que los contemporáneos de Canton–él mismo– también lo leyeron.
(Al respecto cabe recodar que Jitrik, en Citas de un día, publicado en 1992, ya daba cuenta del proyecto, mencionándolo/insertándolo en la trama de la novela. Se lee allí: “Los papeles que ahora miraba tenían que ver con esa preocupación que desde luego no era nueva; eran análisis, pruebas, informes médicos que no valen la pena reproducir no obstante que algunas veces Zenón había pensado que podían constituir un texto, a la manera en que Darío Canton consideraba que sus documentos más impersonales, recibos de luz, de teléfono y, con más razón, sus radiografías de los globos oculares, constituían un texto verdadero que debía leerse de una manera especial, con una disposición en la que la idea de narración directa quedaba excluida y podía surgir una ‘historia de vida’, como se dio en llamar a esos intentos”.)

Miguel Murmis dijo que “Hay ahí un ismo: objetivismo. Ese objetivismo puede hacer pensar que, a lo largo del libro, todo ese fárrago de material lo que permite es ocultar”. Y que “la depresión”, en La yapa, aparece; aunque no recordara “haberlo visto a Darío deprimido”: “El libro genera todo un ambiente de objetividad, para que haya una lucecita que por ahí diga ‘¡Yo también soy un ser normal!”, provocando risas y chanzas entre el público y en la mesa. Para Murmis “Se parece a la autobiografía” la obra de Canton; y “Es resultado de algo buscado”: ver “Cómo interactúan los dos [elementos del libro: lo objetivo y lo subjetivo]: por qué un boleto de un tren, que no puede servir para nada, después es la muerte de mi hijo…”.

Amanda Toubes, luego de asegurar que leer estos volúmenes “es un esfuerzo que nos encajó Darío”, dijo: “Sigo pensando que pasados los tiempos, cualquiera que quiera entender qué pasó en esos largos años de Buenos Aires y de Argentina, posiblemente lea estas cosas. Yo creo que meterse en las páginas de Asemal, de La yapa, ‘De la misma llama’, es como una magia, más que un objetivismo un realismo objetivista; no de lo que pasa por la cabeza de Darío, sino por muchas otras cabezas”.
Para Toubeses “Una historia también cultural de nosotros. Y creo que hay ahí una buena mano, de cariño del llamado sociólogo”, quien también“se mete con alguna gente y los despedaza, con dos o tres frases. Y es el mismo método, que también aparece en los talleres de poesía. Es un laburante, duro… con él. Los talleres del poesía son casi una palabra cincelada. Yo diría es un hincha de la palabra… Y acá estamos”.

Tras algunas intervenciones más, los aplausos y risas finales, en un clima de cierta algarabía, tomó la palabra Canton: “Para mí los lectores siempre han sido fundamentales. Cuáles son las reacciones a partir de lo que se les propone… A uno le da alguna idea de cómo se percibe, cuáles ideas están claras o presentan problemas adicionales. Siempre útil”, incluso en tren de relacionarse con “gente joven”.“Hoy personalmente es algo que necesito. Uno escribe para todos, porque tiene ganas de hacer, ganas de contar algo, sabiendo que hay gente del otro lado. Y me interesa. No la lectura del especialista, sino de la gente “común y corriente” –hasta cierto punto–”.

Luego comentó diversas iniciativas y gestiones que hizo, para recabar información, intercambiar sobre lecturas, etc., y los sucesivos “fracasos” (o respuestas a medias, o interferencias) que tuvo en sus planes, y el hecho de que hay unos 30 jóvenes escritores y críticos que han leído sus tomos.

Las intervenciones siguieron, en un ambiente festivo(como ya se dijo), de chanza y alegría; y queda ahora esperar (mientras se leen este y los anteriores tomos) cómo continúa esta fabulosa empresa poética, proustiana y benjaminiana al mismo tiempo (donde las vivencias y la memoria se funden, ante la llama de la literatura; donde el “documento” y los fragmentos conviven y se combinan), que lleva adelante Canton







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