Salud mental

El Home Office y la Salud Mental en tiempos de pandemia

La crisis mundial por el covid-19 trae a la luz importantes cuestiones sobre la salud, pero deja de lado otras, muchas veces relacionadas con la salud mental.

Juan Manuel Quintana

Estudiante de Psicología UNR

Martes 28 de abril | 20:57

La pandemia nos hizo replantearnos cuestiones cobre cuidados de la salud, pero en muchas ocasiones la salud mental no se tiene demasiado en cuenta.

Desde la medida de aislamiento social obligatorio, medida tomada sin acompañarla por otras esenciales como testeos masivos, mucha gente ha comenzado a sufrir subjetivamente debido al encierro, al cual se le ha sumado en muchos casos el Home Office, una herramienta que perpetúa la explotación laboral en condiciones altamente estresantes.

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El Home Office trae aparejadas varias cuestiones a tener en cuenta para pensar la salud mental de las y los trabajadores. Por empezar esta modalidad hace que el espacio laboral y el espacio de esparcimiento sea el mismo. En un contexto donde salir a despejarse no es una opción, el encontrarse encerrado en el mismo lugar donde se realiza la tarea laboral es una fuente importante de estrés. Como ya lo planteaba Marx, en el capitalismo, el hombre se siente más sí mismo en sus funciones animales, es decir aquellas que realiza lejos de la explotación laboral. Cuando ambas convergen en el mismo lugar, no hay “escapatoria” ni descanso real del trabajo. La situación empeora para quienes además se ocupan de las tareas de la casa y para padres y madres que hacen malabares entre el cuidar a sus niños, acompañarlos en sus tareas y trabajar.

A esta cuestión se suma otra muy importante que es la “flexibilización” del horario laboral, es decir, muchas empresas optan por manejar los horarios de sus trabajadores a su antojo, sin considerar lo importante que puede ser el tener una rutina más o menos estable para pasar el tiempo de encierro lo más tranquilamente posible. En otros casos se dan avisos o se pasa información importante fuera del horario laboral lo que hace a estar pendiente todo el tiempo de su trabajo sin posibilidad real de distraerse o descansar de su actividad.

Por otra parte, si de Home Office hablamos, quienes se llevan la peor parte son los y las docentes, quienes por un lado deben pensar en actividades a realizar de forma online (mucho más complejo que una clase habitual), cuestión a la que se suma muchas veces el hacerse cargo de que sus estudiantes reciban los bolsones de comida que necesitan, los cuales ni siquiera cubren lo básico para las familias, luchando contra un Estado que no brinda ninguna ayuda real. Así mismo, muchos docentes jamás fueron capacitados para el uso de las herramientas online de trabajo, y sin embargo se les exige que den clases en un marco dónde muchas veces se carecen de herramientas para hacerlo y atravesando situaciones complejas subjetivas propias del encierro y del “trabajo en casa”.

Por eso, entendemos que tanto el Estado como las empresas privadas deben ofrecer condiciones de trabajo dignas, respetando los tiempos, brindando el equipamiento necesario y la contención requerida. Ningún trabajo merece que nuestra salud se deteriore y como vemos que los empresarios ponen por delante sus ganancias es importante que formemos parte de una red de trabajadores y trabajadoras, y poner en pie nuestra organización para defendernos para que las patronales no descarguen esta crisis sobre nuestras espaldas.







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