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LUCHA OBRERA EN LA INDUSTRIA DE LA CARNE.El chantaje de Arrebeef: exportaciones récord en 2020 y salarios de pobreza

La empresa exporta más del 70 % de la producción y es una de las principales beneficiarias de la Cuota Hilton. Su dueño, Hugo Borrell, afirma que no dan los números para el pago de salarios, mientras el precio interno de la carne subió 73 % en el último año y las exportaciones de la empresa sumaron 218 millones de dólares.

Lucía Ortega@OrtegaLu_

Guadalupe BravoEconomista | @GuadaaBravo

Miércoles 3 de marzo | 23:40

Arre Beef S.A. es una empresa frigorífica de la localidad de Pérez Millán, partido de Ramallo, al norte de la provincia de Buenos Aires, que se inició como una carnicería hace más de 100 años. El pasado viernes, su dueño Hugo Alberto Borrell anunció a los trabajadores con un megáfono en mano que “debía” cerrar la planta porque no estaba dispuesto a pagar el aumento salarial que correspondía. ¿Una empresa en crisis? Nada de eso.

El “frigorífico modelo” está enfocado cien por ciento a la exportación y según el ranking de Prensa Económica, es la segunda empresa exportadora en su rubro. En palabras de Borrell “no hay techo para la demanda de la carne”, “…el año pasado [por el 2019] crecieron muchísimo las exportaciones de carne del país y sigue en la misma tónica. Nosotros estábamos procesando 1.000 a 1.200 cabezas diarias y ahora vamos a las 1.400 a 1.500 cabezas por día. Debemos ser la única empresa argentina del sector que destina el total de su producción a la exportación”.

Datos oficiales a los que accedió este medio confirman que desde 2014 las exportaciones de la empresa sumaron 1.241 millones de dólares (FOB), y en 2019 año del record exportador de carne las mismas llegaron a 251 millones de dólares. Sólo en enero de 2021 exportaron la suma de 10 millones de dólares (FOB), el negocio sigue en pie.

Sin embargo, su dueño pretende dejar a mil trabajadores en la calle argumentando que no le cierran los números. Según pudo constatar La Izquierda Diario, no hay ningún Procedimiento Preventivo de Crisis presentado ante el Ministerio de Trabajo y la empresa no cuenta actualmente con moras en el pago de sus deudas bancarias ni ante la AFIP. Todo se encuentra en situación normal desde el punto de vista financiero.

La empresa tiene un patrimonio neto que rondaba en 2012 los 20 millones de dólares y una facturación del orden de los 200 millones de dólares anuales. Según afirman en su página web, “conserva intacto el espíritu emprendedor de su fundador y los valores que permiten mantenerse tanto tiempo en el mercado”. Valores que no pueden ser otros que 100 años de explotación laboral.

Los trabajadores que hoy están ocupando pacíficamente la planta en defensa de sus puestos de trabajo cobraban el mes pasado 12 mil pesos la quincena, es decir, un salario mensual que resulta menos de la mitad de lo que se necesita mínimamente para no ser pobre según el Indec ($ 56.459) y más lejos aún de la Canasta de consumos mínimos que requiere una familia para vivir al mes, calculada por los trabajadores de la Junta Interna de ATE-Indec, valuada en $ 85.590.

“Vacas volando”

“Cobramos quincenas de 12.000 pesos que no nos alcanzan para pagar el alquiler ni para comprarle unas zapatillas o mandar a nuestros hijos a la escuela. Faenamos 1.500 animales por día pero no podemos comprar carne para nuestras familias”, decía el comunicado de los trabajadores de ArreBeef el pasado 1 de marzo de 2021.

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El último año, en plena pandemia, fue el paraíso de los empresarios de la carne con aumentos de precios siderales: según el IPCVA (Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina) en enero la suba de la carne fue del 73 % en 12 meses.

Pero mientras los precios de productos de primera necesidad se iban por las nubes, la contraparte fue el deterioro de los salarios, que crecieron por debajo de la inflación promedio (36,1 % en 2020 según el Indec) y pérdidas importantes de poder adquisitivo. El acuerdo de precios que cerró el Gobierno con los frigoríficos pauta que el kilo de asado cueste $ 399, el de vacío unos $ 499 y la falda $ 299, entre otros, aunque el acceso efectivo a estos precios es limitado en determinados días y bocas de expendio.

Según el Indec, en enero la carne picada en GBA rondaba los $ 313, por encima de lo que dicen los propios “precios cuidados” en $ 265 para ese corte. Es que el acuerdo de carnes fue apenas una foto para simular acciones contra la inflación, sentándose con los propios remarcadores de precios a los que se les aseguraban las ganancias.

Como explica el periodista especializado Juan Barca a este medio, “tanto las carnicerías como los propios exportadores reconocen que el acuerdo fue beneficioso para estos últimos. Da la impresión que el Gobierno resolvió un acuerdo rápido para mostrar capacidad de iniciativa sin importar tanto su efectividad o alcance”.

Pero por si faltaba poco, entre los frigoríficos que se sentaron a negociar con Matías Kulfas y el propio Alberto Fernández se encuentra… ArreBeef. La empresa de Borrell forma parte del Consorcio ABC, la asociación que concentra el 80% del mercado y fue parte fundamental de la mesa de negociación. De acuerdo a Barca sobre el acuerdo de precios, “en cuanto a la calidad, son cortes económicos e intermedios que no se pueden colocar en el exterior, aunque China consumiría algunos de esos cortes”.

“Vacas volando” se titula una entrevista a su dueño, Hugo Borrell, en Prensa Económica, haciendo gala del "éxito" de su empresa basado en sus fabulosas ganancias, mientras para adentro derrama lágrimas de cocodrilo. Las vacas no vuelan, y los empresarios nunca pierden.

"Pobres" exportadores premium

La planta de ArreBeef está ubicada en la localidad de Pérez Millán (de unos 5000 habitantes). Emplea unos 1.000 trabajadores directos y tiene una capacidad de faena del orden de las 30.000 cabezas de ganado por mes. La empresa tiene un perfil netamente exportador, más del 70 % de su producción orientada al mercado mundial, obteniendo sus ganancias en dólares, cuando el destino de la carne a nivel nacional suele ser de un 90 % para consumo interno y un 10 % al externo.

Pero además, es una de las pocas beneficiarias de la famosa Cuota Hilton (que representa el 80 % de la exportación de carnes), que comprende unos 29.500 toneladas de cortes de carne premium, de alto valor comercial, con destino al mercado europeo. De ellas, en el ciclo 2020/2021 la empresa de la familia Borrell se ubicó en el séptimo lugar de la cuota, con un cupo de 1.613 toneladas a un precio cercano a los U$S 10.000 la tonelada.

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De acuerdo a CICCRA (Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina) en el año 2020 “las exportaciones de carne vacuna alcanzaron un nuevo récord histórico, al totalizar 616,2 mil toneladas peso producto (tn pp). Este volumen resultó 8,6% superior al máximo que se había registrado en 2019 (+48,8 mil tn pp)”.

Ese mismo año, la empresa ArreBeef registró exportaciones por 218 millones de dólares (FOB), según datos oficiales a los que accedió este medio. Y pensando a futuro, realizó una inversión cercana a los 5 millones de dólares en la compra de un biodigestor, utilizado para los desechos orgánicos.

¿No dan los números?

Los trabajadores denuncian que las negociaciones por los salarios y los puestos de trabajo ocurren a puertas cerradas, mientras los datos de la facturación, los costos y las ganancias de la empresa también se mantienen bajo siete llaves.

Lo que salta a la vista es que la empresa es una de las pocas exportadoras de carne, que tiene una cuota privilegiada en el mercado europeo, China y otros países, factura en dólares, y precisamente viene de un año de exportaciones récord. No cierra el argumento de que no alcanza para el pago de salarios.

Pero más miserable aún es el nivel actual en que los mismos se encuentran: salarios que no llegan ni a cubrir las necesidades mínimas de subsistencia, apenas 12 mil a 20 mil pesos la quincena.

ArreBeef es el caso testigo que demuestra que los "acuerdos de precios y salarios" son una verdadera burla. De una parte el Gobierno acuerda precios que garantizan la rentabilidad de los empresarios y no plantean ninguna solución a la inflación, pero nadie conoce a ciencia cierta los márgenes de ganancia de los formadores de precios.

De otra parte, lo único que se pone sobre la mesa, se cuestiona y se opina, son los niveles salariales y cuál es el límite de subsistencia con el que puede vivir una familia trabajadora, mientras con toda impunidad un empresario puede chantajear sin ningún costo a sus trabajadores y amenazarlos con despidos. ¿No es hora de dar vuelta esa historia? ¿Por qué no se empieza por abrir los libros de contabilidad y mostrar efectivamente cuánto ganan las empresas?

La exigencia de apertura de los libros contables de todas las empresas, sigue siendo elemental para clase obrera, como medida de defensa del fraude y chantaje patronal. Es preciso terminar con el secreto comercial y que todas las empresas rindan cuentas, no ante sus accionistas sino ante sus trabajadores, que son quienes con su trabajo ponen en marcha a las empresas.




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