Cultura

DOSSIER 1° DE MAYO // HISTORIA

En Argentina: de la solidaridad obrera internacional a la “fiesta del trabajo peronista”

Conmemorar el 1° de mayo fue para los trabajadores argentinos la solidaridad obrera internacional y de luchar por sus demandas. Para el peronismo fue la “fiesta del trabajo”. Recuperar las viejas tradiciones debe ser un objetivo de los trabajadores hoy. Muchas de aquellas demandas siguen vigentes.

Alicia Rojo

Historiadora UBA

Jueves 30 de abril de 2015 | Edición del día

La conmemoración del 1º de mayo en los orígenes del movimiento obrero

En 1889 se reunía en París el Congreso Obrero que fundaría la Segunda Internacional, en esa reunión se resolvió convocar a manifestaciones y mítines en todo el mundo, como una jornada de lucha obrera internacional para el 1º de mayo de 1890 en recordación de la ejecución de los “mártires de Chicago”. Los primeros grupos socialistas en Argentina, como los alemanes que habían fundado en 1881 el Club Vorwarts (Adelante), se pusieron a la cabeza de la organización de este acto en nuestro país. Llamaron a una reunión preparatoria el 30 de marzo, a la que invitaron a los anarquistas, para organizar un acto unitario.

De este modo se celebró por primera vez en la Argentina el 1º de mayo: “Compañeros: unámonos al fin, levantemos en masa nuestra voz, manifestemos que estamos arrastrando grillos y cadenas y que las sentimos… ¡Viva el 1º de mayo de 1890! ¡Viva la emancipación social!” Junto a este llamado, el Manifiesto demandaba la jornada de 8 hs, la prohibición del trabajo para los menores de 14 años, la prohibición de trabajos insalubres y a destajo, entre otras reivindicaciones de una clase obrera que consolidándose por aquellos años era sometida a duras condiciones de explotación. En la Capital el acto se realizó en el Prado Español, en el barrio de Recoleta. Entre los oradores –mayoritariamente de tendencia socialista- había españoles, italianos, franceses y alemanes que explicaron el significado del 1º de mayo a los obreros allí reunidos.

Se trataba de un acto obrero internacionalista no sólo porque en él se expresaba el peso enorme que la inmigración tenía en la conformación de la clase obrera argentina, aportando a ella algunos de sus más valiosos dirigentes y organizadores, también porque se realizaba junto con el movimiento obrero internacional en todo el mundo.

Casi veinte años más tarde, otro 1º de mayo dio lugar a una serie de enfrentamientos entre el Estado y los trabajadores: la Semana Roja. Esta vez la conmemoración se dio con una huelga general que se prolongó durante una semana y conmovió a un movimiento obrero que venía sufriendo un ataque constante no sólo a sus condiciones de vida sino también a sus libertades democráticas: “Los sucesos del primero de mayo de 1909 son memorables. Tal fue la ferocidad de la policía y la indignación del proletariado de la región, que el gobierno se vio forzado a ceder después de varios días de continuas revueltas, manifestaciones, demostraciones y huelga general.”

La huelga se prolongó hasta el 8 de mayo, en medio de las represalias gubernamentales, como clausura de locales obreros y partidarios, patrullaje armado de la ciudad, que no impidió la realización de movilizaciones en los que hubo nuevos muertos y detenidos. Finalmente la intensidad del movimiento obligó al gobierno a ceder en varios reclamos, como la abolición de las disposiciones municipales que pedían los gremios de conductores y choferes, la apertura de los locales obreros y la liberación de los presos.

Desde la primera conmemoración hasta los sucesos de la Semana Roja, el movimiento obrero argentino se había desarrollado como un actor social de peso. Su combatividad y enfrentamiento abierto con el Estado y la patronal habían generado la reacción que se expresó en la represión simbolizada en la conocida Ley de Residencia que deportaba a los extranjeros que constituyeran una “amenaza” para el orden social, expulsando a muchos de los principales dirigentes obreros, la mayoría anarquistas.

El régimen encontrará una salida en la apertura electoral buscando canalizar la combatividad obrera: las direcciones que se harán mayoritarias en el movimiento obrero se adaptarán a la nueva realidad, socialistas y sindicalistas se fortalecerán en las principales organizaciones sindicales y alentarán una política de diálogo con el Estado que encontrará un interlocutor con el ascenso de la Unión Cívica Radical al poder en 1916.

De la conmemoración de los mártires de Chicago a las “fiestas del trabajo” peronistas

“Buscamos suprimir la lucha de clases, suplantándola por un acuerdo justo entre obreros y patrones, al amparo de la justicia que emana del Estado… hemos defendido la unidad y compenetración de propósitos entre patrones, obreros y Estado, como único medio para combatir a los verdaderos enemigos sociales, representados por la falsa política, las ideologías extrañas sean cuales fueren… y las fuerzas ocultas de perturbación del campo político internacional.”

Esto afirmaba en su discurso del 1º de mayo de 1944 el coronel Juan Domingo Perón. Expresaba así un fin que siempre fue central para las clases dominantes en nuestro país: purgar al movimiento obrero de las ideas revolucionarias vinculadas por ellos con las “ideologías extranjeras”. En las conmemoraciones del 1º de mayo que hemos repasado podemos comprobar que esta vinculación no estaba errada: los trabajadores argentinos habían sabido aprender de la experiencia del movimiento obrero internacional.

Sin embargo, será este coronel del ejército argentino el que se transforme en la dirección política de los trabajadores contradiciendo buena parte de su bagaje de experiencias y tradiciones. Es que en los años previos las direcciones sindicalistas del movimiento obrero habían abonado un terreno en el que la idea de la conciliación de clases y el “apoliticismo” de los trabajadores guió la relación con el Estado y los gobiernos traduciéndose en prácticas de colaboración de clases y de ligazón con los regímenes políticos.

La penetración del Partido Comunista entre los trabajadores argentinos, alertó a las clases dominantes contra la perspectiva de la difusión de ideologías revolucionarias en el movimiento obrero, como lo expresaba el propio Perón. La huelga de la construcción y la huelga general con movilizaciones y enfrentamientos con la policía en los barrios de Buenos Aires, en 1936, fue una muestra de esta perspectiva. Sin embargo, el PC no venía a recuperar las tradiciones más revolucionarias del movimiento obrero argentino; intervendría en la clase obrera con una estrategia de colaboración de clases que encontró una expresión en otro 1º de mayo, ahora en 1936: el acto se realizó con el Partido Socialista y con expresiones políticas de la burguesía como la Unión Cívica Radical y el Partido Demócrata Progresista entre otras organizaciones; se cantó el Himno Nacional, primera vez que esto sucedía en un acto del 1º de mayo.

A partir del triunfo electoral de Perón en 1946 los actos del Día del Trabajo fueron organizados por el gobierno y la CGT, se realizaban festivales musicales, se elegía la “reina del trabajo” y Perón hablaba desde la Casa Rosada: “Este 1º de mayo… lo festejamos como fiesta incorporada a las grandes efemérides de nuestra patria. Lo festejamos como el advenimiento de una nueva era para esta patria tan amada.... ¡Pasan por mi memoria tantos primeros de mayo! Desde 1910, siendo estudiante, he presenciado los primeros de mayo más trágicos de toda la historia del trabajo argentino. Los veo resurgir en 1916, 1917 y 1918, y los veo también mucho después, cuando las masas argentinas llegaban a esta plaza para clamar justicia desilusionadas por su destino ingrato… En este jubiloso 1º de mayo hemos alcanzado esa paz, esa tranquilidad promisorias.”

En sus discursos Perón no dejaba de recordarles a los trabajadores que debían a su gobierno las conquistas por las que reclamaron en otros primeros de mayo y que tanta sangre habían costado… nadie recuerda que en aquellas fechas él mismo formaba parte del ejército que reprimía las luchas obreras.

Su objetivo era borrar de la conciencia de los trabajadores argentinos que fueron su combatividad y sus luchas las que impusieron a las clases dominantes tanto la necesidad de diseñar diversos mecanismos para contenerlas, como de dar respuesta a las demandas acumuladas por el movimiento obrero durante décadas. Con este fin el peronismo culminó la tarea de despojar a la manifestación obrera del 1º de mayo de su contenido de lucha y de reconocimiento de la clase obrera como clase hermana de los trabajadores del mundo e independiente de la patronal y el Estado. Hoy, cuando muchas de las demandas de otros primeros de mayo continúan vigentes, los trabajadores argentinos debemos recuperar aquella tradición junto con la confianza en nuestras propias fuerzas y en la organización independiente de las patronales, los gobiernos y el Estado.







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