Sociedad

CÓRDOBA/REPRESIÓN POLICIAL

“Hoy Yamil cumpliría 18 años, pero no hay festejo posible: lo mató la Policía"

El caso de Yamil Malizzia se ha transformado en un emblema de la violencia policial en Río Tercero. A más de un año y medio del hecho, su padre, Claudio, sigue denunciando irregularidades en las pericias, connivencia con el poder político; y, a pesar de recibir amenazas y atentados, sigue reclamando justicia por su hijo.

Viernes 3 de julio | 11:54

En noviembre de 2018, pasada la medianoche, Yamil Malizzia volvía de ver un partido de fútbol con sus amigos, con quienes estaba yendo a tomar algo. Ceremonia que se repetía casi como una liturgia. Pero ese miércoles todo iba a cambiar.

Yamil comenzó a ser perseguido sin motivos por 4 móviles de la policía de Río Tercero. El raid que iniciaron terminó con el joven impactando contra un auto estacionado, tras haber sido encerrado por una de las patrullas. Apenas dos horas atrás había cenado en casa de su padre, donde nunca más volvió.

Tras 6 días de agonía, Yamil falleció producto de las lesiones del choque. Tenía tan solo 16 años.

Su padre, Claudio Malizzia hace un año y ocho meses que viene luchando por justicia: “Hoy mi hijo Yamil debería cumplir 18 años, pero no hay festejo posible porque Yamil no está: lo mató la Policía de Río Tercero, Córdoba".

A pesar de que hay testigos presenciales del hecho, registro de cámaras y evidencias varias, que dan pruebas suficientes del criminal procedimiento policial, al día de hoy, no se han peritado los móviles policiales.

Claudio ya había denunciado unos meses atrás el hostigamiento constante que sufría Yamil por parte de la policía. Ya había tenido que mudarse de la cercana localidad de Colonia Almada por ese motivo. Por eso, cuando éste vio que lo perseguían, asustado, aceleró su moto. No cruzó sin detenerse un control de tránsito, porque no lo había, sino que se trataba de uno más de los amedrentamientos que padecía constantemente.

Por supuesto, los policías de inmediato intentaron establecer que Yamil huía porque había robado, pero la cantidad de testigos y la acumulación de vecinos que comenzaron a proferir algunos insultos, les hizo cambiar su relato. Reportaron el hecho como "accidente vial", que de manera casual había sido visualizado por un móvil policial que patrullaba el área.

Claudio Malizzia cuenta que al día de hoy "La fiscal a cargo del caso no separó de su cargo a ningún policía, ni imputó ni encarceló a nadie. No me permite el acceso al expediente de la causa, ni conozco los nombres de los implicados con el agravante de hallarme constantemente amedrentado y amenazado por los responsables ideológicos y autores materiales del hecho. El 20 de febrero de este año sufrí un atentado en mi auto tras una serie de amenazas puntuales, nunca investigadas.

Casi dos años tardaron las pericias accidentológicas para determinar nada: no hablan de la persecución claramente registrada, comprobada y reconocida por la Policía. Tampoco habla de móviles al acecho detrás de un nene inocente que volvía de un partido de fútbol.

Sólo habla de un vehículo civil invadiendo el carril ajeno. Para ellos, ’un simple accidente’. Los medios locales intentaron tergiversar, ocultar y silenciar el hecho en convivencia con el poder político".

Para Claudio Malizzia, esta fecha es especial y la vive con mucho dolor, pero también lo vive como un día donde se renueva la lucha y el reclamo de justicia por la muerte de su hijo.

La policía de Río Tercero cuenta con frondosos antecedentes de gatillo fácil y abusos policiales. Durante la cuarentena, se multiplicaron las denuncias de abusos y torturas en los barrios populares de la localidad cordobesa.

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Si bien llama la atención la concentración de casos en una ciudad con alrededor de 50 mil habitantes, la conducta represiva no es ajena a la que vemos en la ciudad de Córdoba y el resto de la provincia. Donde en este medio hemos ido enumerando y denunciando una gran cantidad de casos de hostigamiento y gatillo fácil, cuestión que se profundizó durante la cuarentena.

También podemos ver en este caso, como bien dice Claudio, un modus operandi que se repite: la utilización de los móviles policiales como arma, algo que garantiza a las fuerzas mayor impunidad, pero que no es una práctica novedosa, durante la dictadura militar fue utilizada asiduamente.

En el país, con el paso de la doctrina Chocobar a la doctrina Berni, en los barrios populares del conurbano ocurre algo similar, como vimos en Villa Azul, o los recientes casos de Luis Espinoza y Walter Nadal,en Tucumán. Y ni hablar en el mundo, donde cientos de miles se levantan contra las diferentes policías y fuerzas represivas, pidiendo su desfinanciamiento y su disolución. Como en EEUU con el "BlackLivesMatter", tras el asesinato de George Floyd; o en Brasil, donde durante la pandemia las fuerzas asesinaron a 16 personas por día, la mayoría negras.

En Córdoba, el poder político, desde hace 20 años en manos del PJ, ha tenido como práctica común el azuzamiento de la Policía provincial contra la juventud, en una clara forma de control social y accionar ejemplificador contra aquellos y aquellas que tienen el potencial de rebelarse y luchar contra sus políticas de hambre. No por nada emergieron las tradicionales y masivas "Marchas de la gorra", ahora devaluadas por el pacto político de sectores del kirchnerismo con el Gobierno de Juan Schiaretti.

Como ocurre en gran parte de mundo, debemos levantar las banderas antirrepresivas y luchar contra este aparato de disciplinamiento estatal. Por Yamil, y por todos los pibes que murieron en manos de las fuerzas policiales y reclaman justicia.







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