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Presentamos la historia de 8 mujeres del barrio Los Ceibos de La Matanza. Mujeres que decidieron no sentarse a esperar por sus derechos y salir a pelear por conquistarlos. E invitan a coordinar con las demás tomas y mujeres en lucha para movilizarse el 8 de Marzo.

José Muralla@murayeando

Daniel San Martín Corresponsal LID - Zona Oeste @danisanmart_

Jueves 4 de marzo | 13:08
Mujeres de Los Ceibos cuentan su historia de lucha y solidaridad, e invitan a movilizarse el 8M - YouTube

Es un barrio de casas abandonadas por el estado hace más de 10 años, mientras ellas no tenían dónde vivir. Mientras muchas mujeres no tenían lugar en donde escaparse de la violencia machista que sufrían en sus casas ante la falta de refugios o vivienda del Estado.

Mujeres que trabajando en negro hasta 16 horas por día no les alcanzaba para llegar a fin de mes. Hartas de vivir en disyuntiva de pagar el alquiler o que ella y sus hijos tengan un plato de comida. Mujeres que se plantan y se defienden juntas. Y que salen del barrio para organizarse con otras mujeres que tienen su misma pelea, como las de Guernica o la toma de Rafael Castillo, con las que realizaran una acción conjunta este 8 de marzo.

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Conoce la historia de Leonela, madre soltera y trabajadora del calzado. Qué nos cuenta que “vivía sin dormir entre las 16 horas de trabajo y el cuidado de sus hijos, y aún así no me alcanza”. Que cuenta cómo dijo basta y se procuró su propia casa y asegura: “voy a seguir peleándola con mis compañeras. Vamos a levantar el barrio y ponerle amor a estas casas abandondas”.

La historia de Rosana que con sus 44 años se siente como de 80 por la diabetes y no tenía dónde vivir. Y que expresa orgullosa “aunque por mis problemas de salud no pueda salir a las calles a pelear, cuando salen ellas yo estoy presente”.
De su hija Pamela estudiante terciaria que pelea junto a ella e invita a todas las estudiantes a movilizarse este 8 de marzo.

De Alejandra que junto con su hija y sus dos nietas tomaron una casa luego de ser echadas del alquiler. Y qué cuenta orgullosa como enseguida saltan todas sus compañeras cuando hay algún hecho de violencia de género.

O la historia de Ruth que cuenta cómo pasando de alquiler en alquiler o habiendo caído en la indigencia soñaba con la casa que recuperó. Porque quiere darle un futuro a sus cuatro hijos, “que tengan un lugar donde vivir, que puedan estudiar y no desperdicien su infancia. Porque cuando estás en la indigencia tenes que salir a trabajar desde chico, y yo no quiero eso para ellos”. Luego relata conmovida cómo le cambió la vida llegar a la toma y forjar los lazos con sus vecinas: “a veces una tiene ganas de bajar los brazos pero la vez a ellas que siguen y seguís. Con ellas sé qué si tocan a una saltamos todas. Somos vecinas, compañeras… familia”

El relato de Ester, enfermera de profesión, que dice “a mis 40 años, después de laburar toda la vida y no tener mi casa, entendí qué los derechos los ganamos peleando. Que el Estado nos da la espalda. Por eso invitó a todas las mujeres a marchar juntas este 8 de marzo” y la abraza a Ruth, que está a su lado.

De Sabrina que compartía un terreno y la convivencia era casi imposible, pero no tenían otro lugar. Así que decidieron pelear por su casa para su hijo y para la sobrina que tiene a cargo.

De Norma que afirma que estas tierras fueron tomadas por necesidad por mujeres que no tenían dónde ir a vivir por violencia de género por falta de trabajo Y qué cuenta orgullosa Cómo enseguida saltan todas a defenderse si algo pasa

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Ellas se juntaron para compartir sus historias, para darse a conocer e invitar a todas a que lo hagan también en las calles. En ronda se conmovieron conla carta que escribió y les leyó Ester, contando porqué pelea ella e invita a organizarse.

En fin, presentamos las historias particulares de 8 mujeres que a su vez reflejan la vida de millones de la lucha cotidiana por conquistar los derechos. Ocho mujeres que este 8 de marzo marcharán con Pan y Rosas y serán miles en las calles.
Que no sólo defienden su vivienda, su barrio, sus compañeras sino que también salen y se organizan. Se juntan con las mujeres de Guernica, de Rafael Castillo. Agrandan la familia.

Historias de vida que conmueven no sólo por lo que tuvieron que pasar, sino por el compañerismo, la hermandad, la solidaridad que se demuestran. Y el ímpetu de no bajar los brazos y pelear, pelear y pelear hasta conseguir su derecho al pan, pero también a las rosas. ¿Vas a movilizarse con ellas? nosotros y nosotras, sí.




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