Internacional

GIRA DEL PAPA EN CUBA Y ESTADOS UNIDOS

un discurso “social” al servicio de los podero

La gira papal por Cuba y Estados Unidos cobró más trascendencia internacional de la esperada originalmente. A la visita a dos países que han vivido bajo tensión durante décadas, se sumó la repercusión por sus discursos con un importante contenido social y político. ¿Qué representan estos discursos y gestos del Papa?

Diego Sacchi

@sac_diego

Jueves 1ro de octubre de 2015 | Edición del día

La gira papal incluyó algunos encuentros de relevancia, como la entrevista con Fidel Castro, la visita al presidente norteamericano Barack Obama, y los discursos en el Congreso de Estados Unidos y en la ONU. La gira, que según el vocero papal era la “más larga y compleja”, sirvió para consolidar la influencia del Vaticano en la “apertura” cubana y recomponer la imagen y la influencia de la Iglesia Católica en la principal potencia mundial. Ubicando al Vaticano como actor en la política mundial Bergoglio volvió a mostrar, en su gira, que pretende ubicar a la Iglesia como un actor político.

Sus gestos hacia la comunidad de inmigrantes en Estados Unidos, donde el 60% de los que han conseguido la ciudadanía y el 83% entre los 11 millones de inmigrantes indocumentados dicen ser cristianos, muestra el interés por ganar influencia en un sector que cobró importancia política y social en los últimos años. En Cuba, sus discursos y la visita de Bergoglio a Fidel Castro, mostrada por un sector de los medios de comunicación afín a la burocracia castrista como un reconocimiento para el histórico líder cubano, fue un gesto que graficó la búsqueda del Papa por posicionar a la Iglesia católica como el principal actor político de la Isla, por fuera del Partido Comunista, al mismo tiempo que apoyar el proceso general de restauración emprendido por la burocracia gobernante.

Francisco aprovechó la visita a la Isla para pronunciarse sobre la negociación entre las FARC y el gobierno colombiano donde llamó a evitar “otro fracaso” en lo que denominó el “camino de paz y reconciliación” en Colombia. Hizo esto unos días antes del acuerdo alcanzado por el gobierno colombiano y los representantes de la FARC. En el Congreso estadounidense y en la ONU, Bergoglio mostró un apoyo explícito a la agenda política del gobierno de Estados Unidos. El Papa apoyó la reforma migratoria impulsada por el presidente estadounidense y calificó como prometedora la iniciativa de Obama para reducir la contaminación.

También hizo alusión al “deshielo” con Cuba luego de haber afianzado su alianza con la burocracia castrista. Tomando algunos de los temas más relevantes de la agenda internacional, la aparición de Bergoglio en la ONU es parte de su búsqueda por consolidar el papel relevante en la política internacional que ha ganado el Vaticano en el último tiempo, en varios casos acompañando la política exterior estadounidense. Un discurso “progresista” para rescatar la autoridad de la Iglesia Los discursos del Papa llamando a dar solución a problemas urgentes de carácter social aparecen como algo inédito para el Vaticano, que venía perdiendo legitimidad desde que se conocieron los casos de abusos de menores y de corrupción. Sus palabras despertaron simpatía en amplios sectores, en especial entre trabajadores y el pueblo pobre tomando demandas postergadas y sentidas.

No faltaron quienes llegaron a subrayar que los discursos papales destacaron las demandas de “los pobres” en el “corazón del imperio” o que el apoyo del Papa al pedido del gobierno cubano contra el embargo era una forma de defensa de las conquistas sociales en la Isla. Sin embargo, su diálogo y el apoyo explícito a la administración Obama expresa una fuerte legitimación del actual gobierno imperialista. En Cuba, Bergoglio puso a la Iglesia católica al servicio de las elites gobernantes que avanzan en un proceso de reforma que exigirá ataques mayores a la propiedad estatal, el empleo, los sistemas de educación y salud, y las condiciones de vida populares, en función de la apertura al “mercado”. No es casual que Bergoglio haya elegido destacar una impronta social en sus gestos y discursos. Aunque no dejó pasar oportunidad para confirmar que la doctrina de la Iglesia Católica no ha cambiado con respecto a la homosexualidad, las personas trans, el matrimonio entre personas del mismo sexo y la condena del derecho al aborto. Por otro lado es notorio el intento del Vaticano por ocultar la participación del actual Papa en la dictadura militar argentina.

Como denunció Estela de la Cuadra, familiar de desaparecidos, en La Izquierda Diario: “El rol de Bergoglio fue proteger a los ejecutores de la dictadura”. Desde su famoso “hagan lío” en Brasil, pasando por la gira en América latina, Bergoglio ha buscado que la Iglesia juegue un rol político activo. La política de los llamados gobiernos progresistas latinoamericanos durante la última década, como actores de “desvío”, contención e institucionalización de movilizaciones y rebeliones populares, fueron útiles para la tarea política de Bergoglio frente a la crisis de la Iglesia y su búsqueda por recuperar la autoridad de la misma. Bergoglio utiliza en su gira por Estados Unidos y Cuba (y en buena medida desde el comienzo de su papado) un discurso progresista, bajo principios conservadores.

En palabras eclesiásticas: heterodoxo en lo pastoral y conservador en los fundamentos. Estratégicamente sus anuncios y gestos tienen un objetivo: recomponer la autoridad de la institución (golpeada por la corrupción y los abusos) en un escenario de crisis social, económica, y aparecer como una mediación útil ante el cuestionamiento a los políticos de las clases dominantes, señalados como una casta que gobierna para los poderosos.

El objetivo del Papa

Recomponer la cuestionada autoridad de la Iglesia, como una mediación útil ante un escenario de crisis social, económica y de los políticos de las clases dominantes.







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