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Red Internacional

Estado español. El Congreso español aprobó la reforma laboral: ¿y ahora qué?

La medida fue rechazada por el sindicalismo alternativo, que la ve como la revalidación de la reforma laboral de 2012. Es necesario que la izquierda sindical siga desarrollando la organización de todos los sectores que se ven afectados y desarrollando la movilización.

Viernes 4 de febrero | 20:51

En una jornada y una votación dantesca la nueva reforma laboral del Gobierno de coalición PSOE-Unidas Podemos ha sido aprobada en el Congreso gracias al apoyo de última hora de un diputado del PP. Se trata de la votación y la medida más importante de lo que lleva esta legislatura. No por lo que supone para la clase trabajadora, que no cambia nada relevante con respecto a la de 2012, sino por lo que supone políticamente para los equilibrios parlamentarios y la estabilidad por arriba y por abajo del Gobierno actual.

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La derogación de la reforma laboral se convirtió en una de las grandes promesas eternamente postergadas por parte del Ejecutivo. En el caso de Yolanda Díaz, la ministra “comunista”, fue una cuestión a la que ató su futuro político.

De esta manera desde el Ministerio de Trabajo eran conscientes que tenían que mover ficha sino querían ver como el descrédito se apoderaba sobre todo del ala izquierda de la coalición, Unidas Podemos.

Las negociaciones entre patronal, burocracia sindical y gobierno fueron durante meses agónicas, y en la que constantemente la CEOE impuso sus condiciones una y otra vez.

Cuando finalmente se consiguió llegar un acuerdo por el cual el Gobierno y sindicatos podía vender el relato de que habían “derogado la reforma laboral del 2012” y la patronal veía que sus intereses quedaban absolutamente blindados, anunciaron el acuerdo y se dispusieron a someterlo a votación en el Congreso.

Sin embargo este acuerdo no ha pasado sin una gran división de los socios de investidura. De hecho ERC y Bildu, presionados por los sindicatos de estas comunidades, especialmente el sindicalismo vasco, no han apoyado la reforma.

Estos desencuentros por arriba, que expresan las rivalidades mezquinas entre los distintos partidos del Régimen y cálculos electorales, han empezado a tener expresiones de descontento por abajo. A pesar del bombardeo mediático de los medios “progres”, grandes sindicatos, gobierno, patronal y hasta por sectores de la derecha como FAES o Ciudadanos, la reforma no ha conseguido despertar el entusiasmo entre la población trabajadora. Al contrario desde hace semanas que vienen sucediéndose algunas movilizaciones en diversos puntos del Estado.

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Estas movilizaciones no están desde luego a la altura de la magnitud del ataque a la clase trabajadora, excepto quizá en Euskadi, y no representan todavía una autentica oposición capaz de tumbar a la actual Reforma y a las anteriores.

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La izquierda sindical y la necesidad de fortalecer un polo de lucha

En un contexto de subida de precios y de la pobreza para una amplia mayoría de los sectores populares, los incumplimientos y engaños del Gobierno se convierten en combustible para el crecimiento de la derecha y extrema derecha. La integración de los grandes aparatos sindicales es otro elemento más que ayuda en este sentido. Unos sindicatos que aparecen ante los ojos de millones de trabajadores de la mano de la patronal y sus planes no pueden provocar más que desmoralización y desconfianza.

Es por eso que es aún más escandaloso que la burocracia sindical se haya arrogado el derecho de erigirse como los representantes del conjunto de las y los trabajadores. Sus intereses y dependencia están cada vez más vinculados al Estado y la financiación con la que este logra comprar la lealtad de los principales dirigentes sindicales. De esta manera CCOO y UGT han visto aumentados considerablemente las subvenciones desde la llegada del nuevo gobierno. En 2021 estas organizaciones recibieron un 56 % más que otros años, es decir 3,5 millones de euros adicionales.

La lealtad de Unai Sordo y Pepe Álvarez al Gobierno y al Régimen del 78 de conjunto, está directamente vinculada a esta realidad. Pero esto también provoca una situación peligrosa para esta casta sindical parasitaria, que en los últimos conflictos obreros ha empezado a vislumbrase. La burocracia de CCOO y UGT está cada vez más alejada, no solo del conjunto de la clase trabajadora, sino también de sus millones de afiliados.

Es debido a esto que a la vez de realizar una labor pedagógica e ir ganando músculo organizativo alrededor de esta cuestión, desde el sindicalismo alternativo y de clase tienen que disponerse a realizar una labor tan básica como olvidada por los jefes de los grandes sindicatos, consultarle a quien más va a afectar esta legislación: la clase obrera.

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para emprender esta tarea. Una tarea que pasa también por impactar en las bases de los sindicatos mayoritarios para arrebatarles ese rol de representantes de la clase obrera.

La izquierda sindical tiene una enorme oportunidad en estos momentos, el aprovecharla pasa por superar cualquier lógica sectaria y autoproclamatoria y realmente disponerse a organizar a los sectores que están viendo decepcionados por la burocracia que dirige CCOO y UGT, y convertir a lucha contra las reformas laborales en una bandera de todas las luchas obreras.




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