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Red Internacional

Dictadura y deportes. Gimnasia homenajeó a Matilde Itzigsohn, hincha detenida desaparecida en la última dictadura

El pasado 9 de diciembre desde las redes de la Subcomisión de Cultura del Club de Gimnasia y Esgrima La Plata, se dio a conocer la historia de Matilde “Tili” Itzigsohn: “tripera”, estudiante de física en la UNLP, única mujer trabajadora detenida-desaparecida del Astillero Río Santiago, fábrica con enorme tradición de lucha y la que tiene más trabajadores detenides desaparecides.

Agustín BellidoMiembro de la Subcomisión de Cultura. GELP

Jueves 23 de diciembre de 2021 | 16:28

El trabajo de investigación que desde el 2019 lleva adelante el club platense con el fin de poder conocer todas las historias de víctimas de la última dictadura militar relacionadas con la institución, llevó a conocer la vida de “Tili”. Con la entrevista a familiares como principal recurso, el Lobo platense se propone investigar a fondo su pasado y el de su comunidad.

Quienes dieron testimonio para contar la vida de Tili fueron sus dos hijas, Lucía y Maria Inés García. La misma se desarrolló en el “Jardín de Tili”, jardín de infantes del Astillero que desde el 2015 lleva -por iniciativa de la asamblea de trabajadoras y trabajadores- el apodo de Matilde.

Los clubes, espacios de lucha activa por la memoria

A 45 años del inicio de la última dictadura militar, se siguen sintiendo en muchos espacios cotidianos las heridas del horror perpetrado por las fuerzas represivas. Nuestros clubes no son ajenos a esta realidad y trabajan en conjunto para dar un mensaje fuerte a la sociedad: Nunca Más un gobierno militar, Nunca Más un estado genocida.

La lógica represiva desplegada durante las décadas del 60 y 70, institucionalizada en su nivel más alto desde marzo de 1976, tuvo como objetivo central el aniquilamiento y el amedrentamiento de la clase obrera, la juventud y los sectores populares que desafiaron con su radicalización el régimen político, social y económico, a través del terrorismo de Estado y diversas formas de censura y violencia, haciendo sistemáticas las desapariciones forzadas y los asesinatos en masa para así poder lograr una sumisión total a las directivas del poder totalitario que respondía a los intereses de los grupos capitalistas nacionales y internacionales.

Es en esta lógica que hay que analizar el accionar de los clubes y sus trayectorias: a pesar de la represión atroz llevada a cabo a la vista de todo el mundo, al gobierno militar le convino no interferir en todas las actividades de la vida civil, era necesario dejar ciertos espacios que dieran una falsa idea de normalidad. Así es como se siguieron disputando los torneos de fútbol y se podía ir a la cancha, de hecho, muchas veces el ir a ver un partido de fútbol representaba para las familias la posibilidad de verse o recibir noticias de sus seres queridos perseguidos. Los clubes siguieron en funcionamiento, obligados a no mirar atrás y a olvidar a sus miembros que quedaban en el camino, no estaba permitido preguntar, menos cuestionar.

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Entender que durante la dictadura este proceder existió, ayuda a comprender por qué aún hoy, a más de cuatro décadas del golpe, los clubes siguen sufriendo los efectos de esa falsa normalidad. La secuela más evidente pareciera ser la concepción de que los clubes no hacen política, como si estuvieran totalmente por fuera del tejido social. En muchas instituciones aún hoy es tabú la investigación sobre el pasado reciente en dictadura, además, para ciertos sectores son temas del pasado que hay que mantener lejos. Frases y preguntas como los “¿para qué?”, “en mi Club no quiero política”, “basta de vivir del pasado”, se suelen escuchar con frecuencia en voces de minorías envalentonadas y decididas a querer borrar la lucha mayoritaria contra la impunidad y el olvido.

En los últimos años importantes instituciones deportivas como Gimnasia, Banfield, Ferro, Vélez, Argentinos Juniors, Racing o San Lorenzo, se encuentran trabajando en políticas que contribuyen a la exigencia de Memoria, Verdad y Justicia que la sociedad argentina reclama. A través de publicaciones de historias de víctimas que simpatizaban por los clubes, de entrevistas, de actos y entregas de carnets a las familias, se construye paso a paso la memoria.

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La historia de Tili presentada por Gimnasia se suma a una larga lista de homenajes y recuerdos ya publicados. El rescate de la historia de una mujer trabajadora y militante identificada con el lobo, nos anima a proseguir en la búsqueda de más de estas historias en cada club, porque es a través de la investigación de las vidas de las víctimas de aquel horror que lograremos como sociedad dimensionar la verdadera escala de las ausencias que, como en los clubes, todavía nos faltan.

La historia de Tili

La elección de vida de Matilde Itzigsohn, “Tili”, fue vivir para les demás, vivir para cambiar el mundo, vivir para la revolución. Tili nació el 10 de agosto de 1949. Era la cuarta hija de María Naymark, ama de casa y Miguel Itzigsohn, astrónomo, ajedrecista y socio vitalicio del club. Se crió en La Plata. Cursó el bachiller en el Liceo Víctor Mercante. Luego estudió Física. Trabajaba como operadora de IBM en el Astillero Río Santiago. Era una luchadora gremial con mucho coraje. Luchaba por las mejoras en las condiciones de trabajo, teniendo una perspectiva de género. Entre otras cosas, peleaba por una guardería dentro del Astillero. Era miembro de la Juventud Trabajadora Peronista y de Montoneros. Y de la lista Celeste de ARS. Tenía 27 años cuando la secuestraron.

Era muy autoexigente, escribía maravillosamente, era muy perseverante y muy solidaria, muy decidida y muy valiente. Peleó codo a codo con sus compañeros por las mejoras en las condiciones de vida de su clase, entre cuyos reclamos puso mucha energía en la lucha por un jardín para les hijes de les trabajadores. Hoy ese jardín lleva su nombre.

En La Plata la represión era feroz, es una de las ciudades con más desaparecidos y desaparecidas del país. Tili era muy buscada. El 31 de marzo de 1976 fue despedida por la ley 21260 que autorizaba a dar de baja por razones de seguridad al personal del Estado vinculado a actividades de carácter “subversivo o disociadoras”. También fue muy perseguida por su condición de judía, sufriendo pintadas en las cercanías de su casa que decían “judía de mierda”, “judía hija de puta te vamos a matar”. Y también, junto a sus compañeres, fue señalada en volantes por la burocracia sindical del astillero.
Desde el 10 de marzo de 2015 les hijes de les trabajadores de la fábrica juegan, crecen, se ríen bajo el abrazo de una luchadora cuyo nombre, gracias a los hilos de continuidad de la lucha de les trabajadores, no está unido a la tristeza sino al amor, a la lucha, a la revolución que es el amor por les otres.




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