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Red Internacional

En el día 39 del juicio por las Brigadas, declaró David Nillni, compañero de Inés Pedemonte, secuestrada en octubre de 1976. Sus sueños, su militancia, su secuestro y el pedido de justicia por los 30 mil. "Mantener su mensaje, soñando por un mundo mejor".

Sábado 11 de septiembre | 15:34

"Voy a hablar por María Inés Pedemonte. Pongo estas fotos, simplemente para decir que no es una foto, fue una persona de carne y hueso que quería, amaba y luchaba por algo distinto", dijo David Nillni a los jueces del Tribunal. Fue el inicio de una declaración plagada de nombres propios, datos certeros y muchas lágrimas.

En la jornada 39 del juicio que lleva adelante el Tribunal Oral Federal n°1 de La Plata contra 18 represores por los crímenes cometidos en las Brigadas de Lanús, Quilmes y Banfield, David Nillni dio testimonio por el secuestro y desaparición de su compañera Inés Pedemonte, trabajadora de la obra social IOMA y estudiante de la carrera de Veterinaria.

Nillni hizo una semblanza de la familia Pedemonte, donde el abuelo de Inés, Carlos Pedemonte fue parte de la construcción edilicia de la ciudad. Su hijo, Juan Carlos, fue el primer juez de pobres y ausentes de Bahía Blanca.

Inés era la menor de siete hermanas (la mayoría maestras rurales). Trabajaba en el departamento de Odontología de la obra social bonaerense y era delegada de ATE. David, luego del servicio militar, se instaló en La Plata para estudiar medicina. Acá conoció a Inés y se casó con ella en 1968. Ambos comenzaron su actividad militante en distintos ámbitos. En 1971 nació el hijo de ambos, Sergio Alejandro.

Como tantos otros, Inés manifestaba opiniones distintas al gobierno de aquel entonces. "Quería un mundo mejor, que todo el mundo tuviera acceso a la cultura, la educación", relató David a la vez que agregó que su casa, ubicada en Tolosa, "era como una biblioteca, Inés era muy lectora. La casa era muy concurrida, con muchos festejos".

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Cuando llegó el golpe de estado, incluso años antes, ya se conocía que existían las persecuciones y que comenzaba a haber desaparecidos. David expresó que tuvieron diferencias ideológicas: “No podíamos dormir a la noche de los tiros que escuchábamos, los frenos y nos sentimos muy mal. Decidimos vender la casa y comprar otra en la calle 64 entre 26 y 27. Ella iba a vivir ahí y yo en otra casa con nuestro hijo”, explicó como contexto previo al secuestro de Inés.

"Se la llevaron a la madrugada"

Inés tenía que buscar a su hijo por la casa de David. Cuando él volvió de su clase en el hospital de Romero, su hijo estaba parado en la vereda; Inés no había ido. “Jamás se me cruzó la idea que la podían haber secuestrado. Recuerdo que fuimos a la casa de 68, caminé por ese pasillo y vi que estaba la puerta abierta. No entendía”, alegó David sobre lo que cambió el rumbo de sus vidas. Una vecina se animó a decirle que se la llevaron encapuchada, en la madrugada del 9 de octubre de 1976. Tenía 35 años.

Se supo que Inés fue vista en varios campos de concentración: en el Pozo de Arana, el Pozo de Banfield, la Brigada de Investigaciones de Avellaneda, El Vesubio y en Campo de Mayo. A los pocos días se juntó con la esposa de Horacio Matoso, compañero de estudios de David, quien le confirmó que se lo habían llevado también.

Marta Ungaro, Marta Pedemonte (una de las hermanas de Inés) y Alfredo Bravo realizaron Hábeas Corpus por Inés. También pedían por Josefina Pedemonte (otra hermana), que continúa desaparecida.

Seis meses después del secuestro de Inés, luego de saber que a él también lo estaban buscando, se fue del país. “Me pude ir con la ayuda de Daniel Racanati, representante de la Agencia Judía; Dani sacó a más de 500 personas perseguidas del país; tanto judíos como no judíos”, recordó sobre su exilio a Beersheva, Israel.

Entre lágrimas, al recordar que su hijo creció sin madre, sentenció: "Cuando una persona es desaparecida forzosamente, deportada, es trasladada, es igual a lo que hicieron los nazis. Eso se llama terrorismo de Estado y es un delito de lesa humanidad".

Ya en Israel y junto a otro grupo de personas, formó la Comisión de Desaparecidos de Argentina. “Nos presentamos en el parlamento israelí, presentamos una lista de nuestros desaparecidos y, en 1979, un legislador de ese país se presentó en el Ministerio del Interior argentino, pero tuvo una contestación banal, que no sabían. Nos dijeron que las personas que buscábamos se habían ido del país”.

Volver, reparar, recordar y luchar

En 1986 David regresó al país y se reencontró con otros familiares de víctimas del terrorismo de Estado. En uno de esos actos de conmemoración, en Buenos Aires, recordó que se le acercó una mujer. “Era una persona de mi estatura y de pelo largo y blanco”. Era Nilda Eloy. “Quiero contarte que estuve con Inés, me dijo y me corrió un escalofrío muy fuerte”. Inés me dijo que Sergio (el hijo de ambos) iba a estar en muy buenas manos y protegido, que estaba muy tranquila”, le había dicho Nilda Eloy. Repetir las palabras de Nilda fue un acto de memoria muy emotivo en la audiencia.

En todas las audiencias de este juicio, el nombre de la Nilda Eloy es una bandera de valentía y memorias. Nilda fue una pieza fundamental de la reconstrucción de la historia de muchas familias que, gracias a ella, pudieron saber de sus desaparecidos y desaparecidas.

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Nillni hizo una detallada descripción de los actos conmemorativos que considera son una reparación histórica al nombre de Inés. En 2010 se consiguió el cambio de carátula a Desaparición Forzada; en IOMA se realizaron una gigantografía en sus oficinas y en el año 2013 se le entregó a su hijo Sergio el legajo de Inés. Hay una calle con su nombre en la Facultad de Veterinaria. En 2014 colocaron una “baldosa de la memoria” con el nombre de Inés.

David también mencionó un documental del Director Víctor Ramos donde él da testimonio y, finalmente, contó que en 2014 escribió un libro “Guerrillero y soldado. Una vida entre La Plata y Beerseba”, donde cuenta su vida y relata lo que sucedió durante aquellos años. El libro se encuentra en bibliotecas de todo el mundo: en La Plata en la Comisión Provincial por la Memoria, pero también en el Congreso Nacional, en Uruguay, Israel y Nueva York.

Hacia el final de su testimonio, David brindó unas últimas palabras como reflexión y exigencia a la vez. “Pasaron 45 años de este hecho pero la herida no está cerrada. Un pueblo es similar a un cuerpo humano: mientras persiste la enfermedad no hay curación, curar es cambiar de un estado a otro. Hablé de reparación histórica e individual. Pero también hay para el colectivo que es el primordial. Hoy declaré por el secuestro de Inés Pedemonte. Mi intención es mantener vivo el mensaje de muchos de los desaparecidos: un mundo mejor, buena educación, salud, vacaciones dignas, un trabajo, mantenerse sin sobresaltos, planificar un futuro, caminar tranquilo por las calles, una cama caliente, techo seguro y sentir que la vida es hermosa y posible de disfrutar”.

En la audiencia también declararon María Cristina Jurado, por su hermana Graciela, secuestrada el 5 de octubre de 1976, quien estuvo en la Brigada de Lanús, según pudo saber, gracias al testimonio que le brindó Nilda Eloy. Y Gerardo Manuel Carrizo, sobreviviente, quien solicitó que su testimonio no fuera público.

Seguí el juicio por La Izquierda Diario




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