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Red Internacional

El Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), organismo Naciones Unidas encargado de estudiar la ciencia del clima, presentó su sexto informe sobre la física del sistema climático y sus cambios. La urgencia de poner un freno a la emisión de gases de efecto invernadero y la irracionalidad capitalista.

Juan DuarteCiencia y Ambiente | tw: @elzahir2006

Lunes 9 de agosto | 16:41
Ph: Incendio en la isla de Evia en Grecia.

En el sexto Informe de Evaluación del Grupo de Trabajo I (AR6 WGI, por sus siglas en inglés), denominado Cambio climático 2021: la base de las ciencias físicas, participaron 234 autores y fue aprobado por 195 gobiernos. Condensa más de 14 mil publicaciones científicas desde 2016 e incluye un Atlas interactivo y enfoques regionales.

El informe sostiene que “es inequívoco que la influencia humana ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra.” Y que “han ocurrido cambios rápidos y generalizados en la atmósfera, el océano, la criósfera y la biosfera.” En otras palabras, ya no quedan dudas del impacto de la humanidad en el sistema climático, que se ha calentado a un ritmo sin precedentes en los últimos dos mil años, siendo las emisiones de gases de efecto invernadero responsables de un planeta menos estable.

En este sentido el informe es contundente al afirmar que a menos que se reduzca profundamente el dióxido de carbono (CO2), junto con otras emisiones de gases de efecto invernadero (GEI, causantes del calentamiento global), hasta llegar a un nivel neto cero en torno a 2050, la meta del Acuerdo de París de que la temperatura no aumente más 1,5°C ni 2°C, umbrales que se consideran de consecuencias graves para el desarrollo de la vida en el planeta, se superarán durante el siglo XXI. Los otros GEI son principalmente el metano y el óxido nitroso, cuya producción está asociada tanto a los combustibles fósiles como a actividades agrícola-ganaderas.

Se trata de una situación sin precedentes en la historia de la especie humana, dado que la última vez que la temperatura de la superficie de la Tierra superó los 2,5°C (en comparación con los niveles preindustriales) fue hace más de 3 millones de años.

De hecho, el informe señala que, en 2019, las concentraciones atmosféricas de CO2 fueron más altas que en cualquier momento en al menos 2 millones de años. Y que las de metano y óxido nitroso, ambos Gases de Efecto Invernadero significativos, fueron más altas que en cualquier momento en al menos 800 000 años.

Grafico del cambio en la temperatura de la superficie global (promedio anual) según lo observado y lo simulado suponiendo solo el uso de factores naturales (solar y volcánica), para el período 1850-2020. Fuente: AR6 WGI.

Principales conclusiones:

El ritmo de calentamiento se está acelerando: las temperaturas de la superficie del planeta han aumentado más rápido desde 1970 que en cualquier otro período de 50 años durante, al menos, los últimos 2000 años.
Las emisiones de origen humano son responsables de casi la totalidad del calentamiento global.
En todos los escenarios previstos por las y los investigadores, el planeta se calentará al menos 1,5°C. En la trayectoria de emisiones más ambiciosa (reducida), se alcanzará 1,5°C en la década de 2030, superaremos los 1,6°C y las temperaturas volverán a bajar a 1,4°C a finales de siglo. A medida que la temperatura media mundial sigue subiendo, aumenta el riesgo de que se produzca una media temporal de 1,5°C en al menos uno de los próximos cinco años. De todos modos, subraya el informe, la aparición de un solo año de cambio de temperatura por encima de un determinado nivel —como 1,5°C y 2°C— no implica que se haya superado el nivel de calentamiento global.

Con los planes actuales, la mejor estimación es de 2,7°C en 2100. Es clara la necesidad de reducir los GEI distintos del CO2 a corto plazo, siendo las emisiones de metano especialmente preocupantes.

Muchas de las consecuencias del cambio climático en curso son irreversibles en escalas de tiempo centenarias o milenarias, especialmente en lo que respecta a los cambios en el océano, las capas de hielo y el nivel global del mar. Los ecosistemas terrestres y oceánicos tienen una capacidad limitada frente a este desafío climático.

Impactos futuros

En la última década, el hielo marino del Ártico alcanzó su nivel más bajo desde 1850.

Entre los puntos de inflexión de los que no se puede volver, cuya escala podría ser devastadora, el informe incluye un colapso de la capa de hielo, cambios bruscos en la circulación de los océanos, algunos eventos extremos compuestos y un calentamiento sustancialmente mayor al evaluado como muy probable a futuro. La probabilidad de ocurrencia de estos fenómenos es baja, pero no puede ser descartada, estando ligada al umbral de calentamiento alcanzado.

Estos puntos de inflexión podrían producirse a escala global y regional, incluso para un calentamiento global dentro del rango muy probable de los escenarios de emisiones considerados. No se pueden descartar respuestas bruscas y puntos de inflexión del sistema climático, como un fuerte aumento del deshielo en la Antártida y el retroceso total de los bosques. Entre otros indicadores, sobresalen los siguientes:

El aumento del nivel medio del mar a nivel mundial ha aumentado más rápido desde 1900 que en cualquier otro momento de los últimos 3000 años;
Las olas de calor marinas han duplicado su frecuencia desde la década de 1980;
• Los glaciares montañosos y polares seguirán derritiéndose durante décadas o siglos, mientras que la pérdida de carbono del permafrost por el deshielo es irreversible si se considera en un período de 1000 años;
• El aumento mundial del nivel medio del mar por encima del rango probable —hasta 2 metros en 2100 y 5 metros en 2150— no puede descartarse en el escenario de emisiones más alto, debido a la profunda incertidumbre en los procesos de la capa de hielo. El aumento del nivel del mar continuará durante cientos o miles de años. Hacia el final del siglo, eventos marinos extremos que normalmente se observaban una vez cada 100 años muy probablemente ocurran todos los años.

En base a los avances científicos desde el último informe, se afirma que la sociedad humana está contribuyendo al aumento de fenómenos meteorológicos extremos, tanto de la probabilidad como de la gravedad del calor extremo, las precipitaciones, las sequías y los ciclones tropicales. De hecho, la mayor parte del planeta ya está soportando temperaturas extremas (incluyendo olas de calor), en algunos casos extremadamente improbables sin influencia humana.

No es solo la temperatura

Sobre las sequías aún se conoce poco, pero hay pruebas de aumento en el noreste de Sudáfrica, el Mediterráneo, el sur de Australia y la costa oeste de América del Norte. También hay pruebas de aumento de precipitaciones en norte de Europa, algunas zonas de América del Norte y el sur de África. Asimismo, las precipitaciones de ciclones tropicales se hacen más intensas y pesadas.

El cambio climático intensifica el ciclo del agua. Esto da lugar tanto a lluvias más intensas e inundaciones como a sequías en otras regiones. Es probable que las precipitaciones aumenten en latitudes altas, pero disminuyan en zonas subtropicales.
Los cambios proyectados en los extremos son mayores en frecuencia e intensidad con cada incremento adicional del calentamiento global. Los incendios y las inundaciones que se han visto en los últimos meses en el verano boreal se están sobrealimentando a medida que el calentamiento inducido por el hombre cambia el sistema climático, lo que genera extremos más calurosos y secos junto con precipitaciones extremas más frecuentes.

Los cambios en el océano, como su calentamiento, acidificación y fenómenos extremos, afectarán sin dudas a las poblaciones humanas que dependen de ellos y continuarán durante todo este siglo.

Los efectos en las ciudades no se limitan a las ciudades costeras. Muchos aspectos del clima propio de las grandes urbes se verán amplificados, incluyendo olas de calor e inundaciones.

Una actualización crucial del Informe es el análisis de los eventos compuestos —por ejemplo: olas de calor y sequías que ocurren cerca o incluso al mismo tiempo—, que supone un riesgo particular para las comunidades. La conclusión es que la influencia humana probablemente ha aumentado la posibilidad de que se produzcan fenómenos extremos compuestos desde la década de 1950.

La lucha contra los Gases de Efecto invernadero es algo más que el CO2

El informe es la primera evaluación del IPCC en incluir un capítulo dedicado a los denominados “forzadores climáticos de vida corta”, como los aerosoles, las partículas y otros gases reactivos (como el ozono) que existen en la atmósfera entre unas horas y un par de meses (también incluye al metano, que tiene una vida de unos 12 años).

En este sentido, una reducción fuerte, rápida y sostenida de las emisiones de metano también limitaría el efecto de calentamiento resultante de la disminución de la contaminación por aerosoles y mejoraría la calidad del aire. Es que los aerosoles, como el dióxido de azufre (SO2) y el óxido nitroso (NO2), a la vez que son responsables de la contaminación atmosférica, a menudo concentrada en las ciudades y que causa 4,2 millones de muertes prematuras al año, también aportan temporalmente un efecto de enfriamiento a la atmósfera.

No es “la humanidad”, es el capitalismo

El nuevo informe del IPCC es el fruto de un trabajo de investigación muy valioso y hace un aporte crucial para la comprensión de la crisis climática en curso y del papel de sociedad humana en la generación de fenómenos cada vez más violentos, destructivos y frecuente, fundamenta fuertemente el concepto de “antropoceno”.

Pero es importante resaltar que no se trata de “la humanidad” en abstracto la responsable del aumento de CO2 y otros GEI, ni de la destrucción de los ecosistemas, sino de una forma social e histórica concreta: el capitalismo. Es la irracionalidad del modo de producción capitalista, basado tanto en la explotación del trabajo como en la mercantilización, despojo y destrucción de la naturaleza y el privilegio anárquico por el lucro de parte de los capitalistas, lo que hace a este sistema incapaz de mantener un metabolismo racional con el sistema tierra. Y las consecuencias inmediatas no recaen en toda la “humanidad” por igual, sino sobre la mayoría trabajadora y pobre.

Son las empresas (Chevron, Shell, Total, Exxon Mobil, British Petrolium, etc.) que lucran con los combustibles fósiles, los gobiernos que las impulsan y los Estados que garantizan la continuidad de sus negocios, los principales responsables de las emisiones. Lo mismo puede decirse con el papel del capital volcado a la producción industrial de alimentos, responsable de gases como el metano al tiempo que destruyen los ecosistemas y las poblaciones que habitan, incluyendo la generación de pandemias como la que estamos atravesando.

Dejando de lado el "negacionismo" de figuras como Bolsonaro o Morrison (y en Argentina emulado por figuras como Javier Milei), las salidas propuestas por los gobiernos más poderosos, con acuerdos como el mencionado Acuerdo de París, o antes el de Kyoto, no se cumplen y solo dilatan el tiempo permitiendo más contaminación, lo cual no sorprende en tanto responden en general a los intereses de esos mismos gigantes. Lo mismo sucede con las maniobras de “greenwashing” que ensayan capitalistas y gobiernos de todo el mundo que se llenan la boca hablando de sostenibilidad mientras impulsan la explotación de hidrocarburos, a veces incluso con métodos aberrantes como el fracking, o el monocultivo ganadero y agrícola y la destrucción asociada. El "capitalismo verde" termina siendo muchas veces un "negacionismo light". Argentina es un caso paradigmático en este sentido, con un gobierno que lanza un "plan de desarrollo productivo verde" mientras pone en el centro de su plan económico la explotación de hidrocarburos, el fracking, la megaminería contaminante, el agronegocio y sus monocultivos y agrotóxicos, megagranjas porcinas pandémicas y la destrucción de humedales.
La disminución de las emisiones de CO2 y GEI no pueden quedar en manos de la buena voluntad de los capitalistas y sus gobiernos.

Es la juventud a nivel mundial la que viene denunciando con más fuerza la situación, organizándose en movimientos y huelgas mundiales por el clima, denunciando el carácter irracional y destructivo del modo de producción y consumo capitalista.

La magnitud de la crisis climática que muestra el sexto informe, y las perspectivas, plantean la necesidad urgente de que las y los trabajadores, jóvenes, mujeres y pueblos originarios de todo tomen en sus manos la pelea por una transición energética y agrícola-ganadera hacia formas cuyo eje no sea el lucro, sino lograr una relación realmente sostenible y racional con la naturaleza.

Como levantan en sus pancartas millones de jóvenes en todo el mundo, “no hay planeta B”. Si el capitalismo destruye al planeta, destruyamos al capitalismo.

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Fuentes:
Reporte del IPCC.
Periodistas por el Planeta.




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